El último gran compositor de la ópera italiana

TOSCA, una de las óperas más emblemáticas de Puccini e igual de linda e interesante como sus óperas más famosas. Pero, ¿quién es Giacomo Puccini? 

Considerado entre los más grandes compositores de ópera de fines del siglo XIX y principios del XX, nació en Lucca, provincia italiana perteneciente a la región de la Toscana, el 22 de diciembre de 1858טויס אר אס אופניים פרוזן  red leather shirt  parasoles quito  hp מדפסת פשוטה  הגה גז וברקס למחשב חנות צילום ופיתוח תמונות באזריאלי  adidasi leopard  casio rangeman gpr b1000 1ber  червило в ръчен багаж  nike w internationalist premium black black summit white  big ten tournament apparel  מתי אפשר לעשות טיפולי לייזר  חנות ריהוט גן געש  тример бош кауфланд  тръбна скара за домашни цели 

Fue un visionario, creando los conceptos de música que van a regir al cine durante el siglo XX, cuando la música llegó a ser protagonista principal de las películas. Fue uno de los pocos compositores de ópera capaces de usar brillantemente las técnicas operísticas alemana e italiana. Se le considera el sucesor de Giuseppe Verdi. Algunas de sus melodías, como “O mio babbino caro” de Gianni Schicchi, “Che gelida manina” de La Bohème y “Nessun dorma” de Turandot, forman parte hoy en día de la cultura popular. 

La primera ópera que compuso fue Le Villi  en 1884 y su primer triunfo lo obtuvo con Manon Lescaut  en 1893.  

Además de doce óperas, Puccini escribió otras obras notables, como una Misa de Gloria, un Himno a Roma, un capricho sinfónico, dos preludios sinfónicos y tres minués para cuarteto de cuerda. 

Nació en una familia de músicos pues los Puccini fueron durante generaciones maestros de cámara del Duomo, Catedral de Lucca. Después de haber perdido a su padre a la edad de cinco años, fue enviado a estudiar con su tío Fortunato Magi, que lo consideró un alumno NO particularmente dotado y sobre todo indisciplinado. Fumaba desde temprana edad. 

Más tarde consiguió el puesto de organista y maestro de coro en Lucca. La leyenda dice que la decisión de dedicarse al teatro musical le vino después de asistir en 1876 a una representación de Aida de Verdi en Pisa, a donde había llegado a lomo de mula. 

En 1880, con la ayuda de un pariente y una beca, consiguió inscribirse en el Conservatorio de Milán para estudiar composición con Antonio Bazzini y Amilcare Ponchielli. En ese mismo año, a la edad de 21 años, compuso la Misa, que marca la culminación de la larga relación de su familia con la música religiosa y que se la conoce popularmente como la Misa de Gloria

Mientras estudiaba en el Conservatorio, Puccini obtuvo un libreto de Ferdinando Fontana y participó en un concurso para realizar una ópera de un acto en 1882. Aunque no ganó el concurso, Le Villi se representó en 1884 en el Teatro dal Verme de Milán y llamó la atención de Giulio Ricordi, editor de música, que le comisionó una segunda ópera para estrenar en el Teatro de la Scala de Milán, pero Edgar, que así se llamaba la ópera y que le costó cinco años de trabajo, no tuvo mucho éxito y en los decenios posteriores sufrió sucesivas modificaciones radicales sin llegar a entrar en el “repertorio”. 

Después del semi paso en falso de Edgar, la tercera ópera —Manon Lescaut— fue un éxito extraordinario, quizás el mayor de la carrera de Puccini. Además, fue el inicio de la colaboración con los libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa quienes escribieron después los libretos de las siguientes tres óperas de Puccini, las más famosas. 

La primera, La Bohème, basada en la novela de Henri MurgerScènes de la vie de Bohème”, es, quizás, su ópera más famosa. Entre las obras maestras del panorama operístico tardorromántico, La Bohème es un ejemplo de síntesis dramatúrgica, estructurada en cuatro “cuadros”. 

Ahora, Tosca representa la incursión de Puccini en el melodrama histórico. El tema, tomado de Victorien Sardou, puede recordar algunos estereotipos de la ópera verista (vincular al verismo, post), pero las soluciones musicales anticipan más bien, en particular en el segundo acto, el naciente expresionismo musical. 

La tercera ópera,  Madama Butterfly,  está basada en un drama de David Belasco y es la primera ópera exótica de Puccini. Su estreno en la Scala de Milán en 1904 fue un solemne fiasco, probablemente en parte orquestado por sus críticos. Sin embargo, después de algunas modificaciones, esta ópera obtuvo un pleno éxito que dura hasta hoy. 

La colaboración con Illica y Giacosa fue ciertamente la más productiva de la carrera artística de Puccini. A Luigi Illica, dramaturgo y periodista, le correspondía la tarea de esbozar el fondo y definir la trama poco a poco, discutiéndola con Puccini, para acabar con un texto completo. A Giuseppe Giacosa, autor de comedias de éxito y profesor de literatura, le correspondía el delicado trabajo de poner en verso el texto, manteniendo tanto los aspectos literarios como los musicales, tarea que realizaba con gran paciencia y sensibilidad poética. 

En el aspecto artístico, la pasión por el exotismo (del cual nació Madama Butterfly) empujaba cada vez más al artista a afrontar el lenguaje y los estilos de otras tradiciones musicales: nacieron así, en 1910, La fanciulla del West, un western de antes de que existiera este término; y en 1917, La Rondine, concebida inicialmente como opereta y convertida finalmente en un híbrido singular entre este género y el de la ópera lírica. 

Esta crisis se manifestó en la gran cantidad de proyectos abortados, abandonados en un estado de trabajo avanzado. A fines del siglo XIX, Puccini intentó también, en varias ocasiones, colaborar con Gabriele D’Annunzio, pero sin llegar a acabar sus obras, quizá debido a que no congeniaban. 

El eclecticismo de Puccini, junto con su incesante búsqueda de soluciones originales, encontraron pleno apogeo en Il Trittico, tres óperas de un acto, estrenadas en Nueva York, a la vez en 1918. Las tres obras presentan características contrastadas: trágica y verista Il tabarro, elegíaca y lírica Suor Angelica y cómica Gianni Schicchi

La última ópera, Turandot, quedó inconclusa, ya que Puccini murió el 29 de noviembre de 1924, en Bruselas, como consecuencia de complicaciones durante el tratamiento de un cáncer de garganta. 

Después de su muerte, se construyó un mausoleo en la Casa Puccini en Torre del Lago donde está enterrado el compositor junto con su mujer y su hijo. Esta casa es hoy día conocida como la “Casa Museo Puccini” que está abierta para visitas del público. 

Es difícil situar a Giacomo Puccini en el panorama internacional, ya que su música, por su continua evolución artística, no tiene la tensión innovadora de muchos de los mayores compositores europeos de la época. 

Puccini se dedicó de manera casi exclusiva a la música teatral y, al contrario de los maestros de la vanguardia novecentista, escribió siempre pensando en el público, cuidando las representaciones y siguiéndolas en las giras por el mundo. 

Aunque creó solamente doce óperas (incluyendo tres en un acto que componen el Tríptico), sus obras se han asentado en los repertorios de los teatros líricos de todo el mundo. Los ingredientes fundamentales de su teatro son la variedad, la rapidez, la síntesis, la profundidad psicológica y la abundancia de hallazgos escénicos. 

El público, bien que a veces desorientado por las novedades de cada ópera, al final se ponía de su parte; por el contrario, la crítica musical, en particular la italiana, consideró durante mucho tiempo a Puccini con sospecha u hostilidad. Se le solía acusar en Italia a Puccini de comercial y se decía que su música no era ni italiana, ni rusa, ni alemana, ni francesa. No obstante, expresaron su admiración por su trabajo compositores  contemporáneos como Stravinski, Schoenberg, Ravel o Webern

La fama de compositor internacional ha oscurecido a menudo el vínculo de Puccini con la tradición italiana y, en particular, con el teatro de Giuseppe Verdi. Los dos compositores italianos de ópera más populares tienen en común la búsqueda de la máxima síntesis dramática y de la dosificación exacta de los tiempos teatrales sobre el recorrido emotivo del espectador. Italiana es también la presencia de la dialéctica entre el tempo musical real y el tiempo psicológico, que antiguamente se manifestaba en la contraposición entre la parte recitativa (durante la que se desarrolla la acción) y las arias (expresión de los estados de ánimo). Más controvertido es el papel asignado a la melodía, siempre eje capital de la ópera italiana. Considerado un magnífico melodista, hoy día se reconocen también los aspectos armónicos y tímbricos de su música. Y, corroborando su condición de magnífico melodista los dejamos disfrutando del aria “Nessun dorma” de Turandot, en la voz del incomparable Luciano Pavarotti.